Teletrabajo: qué lleva a los nómadas digitales a abandonar las grandes ciudades y cómo puede afectar a legiones de trabajadores remotos

Si algo está claro sobre el trabajo remoto es que mucha gente lo prefiere y no quiere que sus jefes se lo quiten.

Cuando la pandemia obligó a los empleados a quedarse en sus casas y les impidió pasar tiempo de manera presencial con sus colegas, casi de inmediato muchos se dieron cuenta de que preferían el teletrabajo en vez de las rutinas y costumbres de la oficina.

Mientras algunas empresas y escuelas comienzan a reabrir sus puertas, trabajadores remotos de todas las edades analizan su futuro, se preguntan si realmente desean volver a sus vidas anteriores y qué están dispuestos a sacrificar o soportar en los próximos años.

Incluso antes de la pandemia, había personas que se preguntaban si la vida en la oficina coincidía con sus aspiraciones.

Pasamos años estudiando a los “nómadas digitales”: trabajadores que dejaron sus hogares, ciudades y la mayoría de sus posesiones para embarcarse en lo que ellos llaman vidas de “ubicación independiente”.

Con nuestra investigación aprendimos varias lecciones importantes sobre cuáles son las condiciones que alejan a los trabajadores de las oficinas y de las principales ciudades, llevándolos hacia nuevos estilos de vida.

Legiones de personas ahora tienen la oportunidad de reinventar su relación con su lugar trabajo de la misma manera.

El señuelo del cambio y la gran ciudad

La mayoría de los nómadas digitales iniciaron sus carreras laborales entusiasmados por trabajar para empleadores prestigiosos.

Al mudarse a ciudades como Nueva York o Londres, querían pasar su tiempo libre conociendo gente nueva, yendo a museos y probando nuevos restaurantes.

Pero luego llegó el burnout, ese agotamiento que experimentan muchos ante la sobrecarga de trabajo.

Aunque estas ciudades albergan instituciones y espacios que pueden inspirar la creatividad y cultivar nuevas relaciones, los nómadas digitales rara vez tuvieron tiempo de aprovecharlas.

En cambio, el alto costo de vida, las limitaciones de tiempo y las demandas laborales contribuyeron a una cultura opresiva de materialismo y adicción al trabajo.

Pauline**, de 28 años, que trabajaba en el ámbito de la publicidad ayudando a grandes clientes corporativos a desarrollar identidades de marca a través de la música, comparó la vida de la ciudad para los profesionales de su área con una “rueda de hámster”.

“Lo que pasa en Nueva York es como una batalla de los más ocupados”, dijo. “Es como, ‘Oh, estás tan ocupado… No, yo estoy muy ocupada'”.

La mayoría de los nómadas digitales que estudiamos fueron atraídos a lo que el urbanista estadounidense Richard Florida denominó como trabajos de “clase creativa”.

Estos son puestos en diseño, tecnología, marketing y entretenimiento que quienes los toman asumen que resultará lo suficientemente satisfactorio como para compensar lo que sacrifican en términos de tiempo dedicado a actividades sociales y creativas.

Sin embargo, estos nómadas digitales nos dijeron que sus trabajos fueron mucho menos interesantes y creativos de lo que se les había hecho creer.

Peor aún, sus empleadores continuaron exigiendo que estuvieran “dispuestos a trabajar” y que aceptaran los aspectos dominantes de la vida en la oficina sin brindarles el desarrollo, la tutoría o el trabajo significativo que sentían que se les había prometido.

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