El primer disco duro atómico

1468832299_206929_1468852829_noticia_normal_recorte1Moviendo átomos de cloro de sitio, un grupo de investigadores holandeses y españoles ha creado un disco duro atómico en el que se puede grabar, leer y regrabar datos. Esta memoria es de un kilobyte (KB), pequeña, pero la mayor lograda en dos dimensiones. Su segunda aportación es la enorme densidad del almacenamiento atómico: multiplica por 500 la capacidad de los sistemas actuales. Eso sí, requiere de una tecnología tan avanzada y unas condiciones tan extremas que tardará en llegar a los ordenadores domésticos.

El físico teórico y futuro premio Nobel, Richard Feynman, dijo el 29 de diciembre de 1959: “No veo nada en las leyes físicas que impida construir ordenadores enormemente más pequeños de lo que son ahora”. Aquella conferencia se llamaba Al fondo hay mucho sitio (There’s Plenty of Room at the Bottom, en el inglés original) y es considerada el momento fundacional de la nanotecnología.

Aunque la miniaturización de la informática ha sido enorme, lo que Feynman tenía en mente era otra cosa. Pensaba en transistores, puertas lógicas, condensadores… construidos a escala atómica. Incluso, por qué no, usar los átomos para guardar datos. Aquella idea de Feynman tuvo que esperar a la invención, en los años 80, del microscopio de efecto túnel (MET), que permite ver al nivel atómico. También tuvo que esperar a que una década más tarde otro grupo de investigadores usara un MET para demostrar que también servía para mover los átomos. Ahora, 25 años después de aquella demostración y casi 60 de la conferencia de Feynman, su idea está mucho más cerca.

“En aquella charla, como un Julio Verne de la nanotecnología, Feynman hizo varias predicciones de las que se han verificado muchas. Pero había una en la que hablaba de cómo sería controlar los átomos uno a uno”, dice el investigador del Instituto Internacional Ibérico de Nanotecnología(INL), Joaquín Fernández. La idea parecía alocada entonces, pero señalaba las enormes posibilidades de la escala atómica. “Nosotros hemos hecho realidad lo que soñó”, añade el físico español, profesor también en la Universidad de Alicante.

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