La otra carrera por la vacuna contra la COVID: los países ricos acaparan más de la mitad de las dosis compradas

La distribución equitativa de una eventual vacuna contra la COVID-19 ha sido una preocupación constante entre los expertos en salud pública global, organizaciones civiles y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo es desde antes, incluso, de que la carrera en varios laboratorios se adentrara en sus fases finales. Tan pronto como se apruebe el uso de una vacuna eficaz, un mundo desesperado por acabar con la pandemia se enfrentará a unos suministros limitados.

En esta competencia, una catarata de voces han alertado contra el llamado “nacionalismo de vacunas” que busca priorizar a las propias poblaciones y puede dejar atrás a las partes más empobrecidas del planeta.

Los datos dibujan un panorama aún muy alejado del propósito de garantizar un acceso equitativo para todos los países que han expresado muchos líderes mundiales. En la actualidad, los Estados ricos concentran más de la mitad de las dosis compradas hasta ahora a nivel mundial, según las cifras recopiladas por el Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad Duke, en Carolina del Norte, en Estados Unidos.

Sus investigadores han analizado la información disponible sobre los acuerdos y las negociaciones de los países y organizaciones multilaterales para adquirir dosis de manera anticipada, ávidos por reservarse el suministro incluso antes de que las vacunas estén en el mercado. Al igual que los ensayos clínicos se están desarrollando a una velocidad sin precedentes, también lo está siendo el número de compromisos de mercado anticipado, un contrato que suele usarse generalmente para incentivar a las empresas a que desarrollen un producto costoso garantizando cierta cantidad de compras por adelantado.

Lo que temen los expertos de Duke, así como numerosos especialistas, es que la tendencia actual de que un puñado de países se asegure tantas dosis como puede para tener más posibilidades de cubrir a su población –hablan de compra “frenética”– acabe profundizando la desigualdad en el acceso y prolongando la pandemia.

“Los datos indican que nos dirigimos a un escenario en el que los países de altos ingresos pueden vacunar a toda su población antes de que los países de bajos ingresos hayan cubierto los grupos de alta prioridad. Hemos escuchado mucho compromiso con la distribución equitativa de los países de altos ingresos, pero los datos muestran que todavía estamos lejos de eso”, dice Andrea Taylor, subdirectora del Centro de Innovación en Salud Global de Duke.

A principios de esta semana, el director general de la OMS volvió a insistir en que la urgencia con la que se están desarrollando estas tecnologías “debe ir acompañada de la misma urgencia” por distribuirlas de manera equitativa. “Cada gobierno quiere, con razón, hacer todo lo posible para proteger a su pueblo. Ahora bien, existe el peligro de que las personas más pobres y vulnerables sean pisoteadas en una estampida por la obtención de la vacuna”, dijo Tedros Adhanom Ghebreyesus.

La jefa de la OMS en África, Matshidiso Moeti, ha reconocido que en estos momentos hay “una competencia muy fuerte a nivel mundial para reservar dosis”, mientras desde los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) africanos temen que el continente se resienta a medida que las naciones más ricas compren suministros. Y aunque se han mostrado optimistas sobre los hallazgos en materias de vacunas en estas últimas semanas, inciden en algunos factores que pueden afectar a la distribución justa de cualquier vacuna contra la COVID-19, como el precio o las condiciones de almacenamiento.

El análisis de la Universidad Duke refleja que, si bien es probable que se necesiten de tres a cuatro años para fabricar suficientes vacunas para cubrir la población mundial, casi 9.600 millones de dosis están ya reservadas antes incluso de que las candidatas sean aprobadas para su comercialización. En concreto, las compras confirmadas abarcan 6.800 millones de dosis, con otras 2.800 millones de dosis que están actualmente bajo negociación o reservadas como expansiones opcionales de acuerdos existentes, según los datos de Duke.

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